Exilio interior ante la furia de una mujer que busca nuevo amante


Proteo 1 (junio, 2026) 




Muchas veces, para no discutir con Nuria Lorena, Sarmiento amó su estudio de azotea como otros aman a su patria. Muchas veces se sumergió en su cuarto de azotea, exiliado dentro de su propia casa, como otros regresan a su tribu. No sabía lo que ocurría.

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De su nutrida biblioteca solamente pude llevarse dos libros: la Biblia de Jerusalén y la Ética de Spinoza. Leyó en esta última que el odio debe ser vencido por el amor y la generosidad, y no compensado con odio. Y, además, que las aflicciones e infortunios de ánimo toman su origen, principalmente, de un amor excesivo hacia una persona que está sujeta muchas variaciones y que nunca podemos poseer por completo. De lo que se deduce que debemos amar a Dios sobre todas las cosas y los seres, pues el amor a Dios no puede ser mancillado por ninguno de los vicios del amor ordinario; pues en el amor a Dios, que es el conocimiento, gozamos reprimiendo nuestras concupiscencias y malos afectos.

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Más tarde, leyó intensamente los Proverbios
- “Más vale ración de verduras con amor que carne de vacuno con odio”. 
-“Una persona tiene proyectos. Yahvé, la última palabra”. 
–“Casa y fortuna se heredan de los padres, mujer prudente es un don de Yahvé”. 
– “Mejor es vivir en un rincón de azotea que compartir mansión con mujer pendenciera”. 
–“Es mejor dormir a la intemperie, aunque sea bajo la lluvia, que con una mujer de mal genio, más desagradable que una gotera incesante”.
– “Mejor es vivir en el desierto que con mujer irritable y pendenciera”.

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Las rupturas más trágicas son las de esas parejas que se han casado jóvenes y gozado de diez años de felicidad, al cabo de los cuales estallan los fuegos tapados de la pasión y la independencia, y sin saber por qué, puesto que continúan queriéndose mutuamente, emprenden su común destrucción. 

Añade Cyril Connolly en La tumba sin sosiego:

“There is no fury like a woman seeking a new lover. When we see a woman placidly chewing the cud of her thoughts beside her second husband, it is difficult to imagine how brutally, relentlessly and meanly she got rid of the first. […] Women are different from men, and the breaking with the past and tearing to pieces of the man they loved answers to a dark need of their being. Thus a woman’s friends will feel almost as much pleasure as she does when she is about to leave her man. Together they prepare the decree against the husband. They like to know the date, poke the fire, and walk round the monster, inspecting him carefully when he is left alone. At hundreds of miles’ distance they can hear the heavy thud of the trunks on the floor as they are being packed for departure.”

O en excelente traducción de Ricardo Baeza (UNAM, 1963):

“No hay furia comparable a una mujer que busca un nuevo amante. Cuando vemos una mujer rumiando mansamente sus pensamientos al lado de su segundo marido, es difícil imaginar lo brutal, implacable y mezquinamente que se deshizo del primero. [...] Las mujeres son distintas de los hombres, y el romper con el pasado y dejar hecho trizas al hombre que querían responde a una oscura necesidad de su ser. Así, las amigas de la mujer sentirán casi tanto placer como ella cuando se dispone a abandonar al hombre. Juntas preparan el edicto contra el marido. Les gusta saber la fecha, atizar el fuego, y dar vueltas en torno del monstruo
inspeccionándolo atentamente cuando se queda solo. A centenares de millas de distancia oyen el ruido pesado sobre el suelo de las valijas a punto de partida”.

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Arrebatar una mujer al marido, o un marido a la mujer, es una especie de asesinato; la culpa convierte a los amantes en cómplices, y la destrucción del hogar destruye a los destructores. Como dejamos a los demás así seremos dejados.

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La necesidad de olvidar es de la gente ilustrada. Cuando uno ha sido bien atormentado, bien hostigado por su propia sensibilidad, comprende que hay que vivir al día, olvidar mucho; en suma: absorber la vida a medida que mana.

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Ética viene del griego ethos («morada» y «manera de ser»). La moral en cambio, del latín mos («costumbre»).
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Cómo citar este texto: Pineda Buitrago, Sebastián (2026). "Exilio interior ante la furia de una mujer que busca nuevo amante", Proteo 1, (1).  

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