Eikonómica o imágenes en fuga: «...De la persecución en el cine...» de Marie-José Mondzain
Mito, signo y ente: una teoría de la identidad
Conclusión
Quien exige una identidad sin máscara exige un actor sin escenario: pide, sin saberlo, la nada. Todo ente está ya atravesado por un signo, y todo signo remite a algún mito, explícito o no.
No hay identidad, en suma, que no dependa de la infraestructura material capaz de inscribirla, archivarla y, llegado el caso, borrarla con un clic tan silencioso como brutal fue el edicto de Creonte. No haydiferencia entre el papiro griego y el servidor californiano. Quien crea que su identidad digital le pertenece por entero ignora que, técnicamente, pertenece antes a quien controla el soporte donde esa identidad quedó inscrita.
Sobre esta primera estructura se monta una segunda, más despiadadamente política, donde el Estado ocupa el lugar del mito. El Estado es el gran narrador que decide quién cuenta como ciudadano, qué lenguas son oficiales, qué formas de vida son legítimas. Desde ahí asegura el signo (2): produce leyes, documentos, códigos, archivos, todo un arsenal de palabras-armas que puede proteger o amenazar. Y, al hacerlo, define la vida del ente (3): el individuo y las colectividades que quedan, o no, bajo su amparo.
En rigor, no existe identidad neutra: toda identidad se juega entre la protección y la amenaza. Si el mito —Dios, patria, tradición, Estado— legitima ciertos signos (2) —leyes, categorías, diagnósticos, certificados—, entonces algunos entes (3) pueden expresar su identidad a plena luz. Pero cuando ese mito es débil, fragmentado o excluyente, muchas identidades quedan fuera del marco de protección y se vuelven invisibles, clandestinas.
Aquí se abre el problema que verdaderamente nos concierne: la violencia de la identidad. Una identidad puede buscar reconocimiento y cuidado, pero también puede armarse como proyecto de aniquilación de otras identidades. Sería una necedad de sobremesa decir que «toda identidad es buena»: existen identidades racistas, misóginas, "misántropas", homófobas, supremacistas. La pregunta política no admite anestesia: ¿debe dejarse expresar toda identidad sin límite alguno? ¿Cómo sostener, a la vez, el derecho a la identidad y la crítica implacable de aquellas identidades que se constituyen como máquinas de exclusión o de exterminio? Quien esquiva esta pregunta por comodidad académica no hace teoría: hace turismo conceptual.
Notas
Una familia siempre es disfuncional: la identidad de Antígona
Antígona, de apenas diecisiete o dieciocho años, desafía el edicto. Ismene aconseja prudencia, silencio, la obediencia que salva el cuerpo; Antígona responde que no solo enterrará a su hermano, sino que se niega a hacerlo en secreto. «Grítalo», le exige a su hermana; «me serás más odiosa si lo callas que si lo publicas». Ahí está el giro que nos interesa: el acto no le basta a Antígona si permanece clandestino; exige ser visto, dicho, dramatizado ante la polis entera.
Judith Butler, en Antigone's Claim: Kinship Between Life and Death, lee esa frase como un acto de habla que es, simultáneamente, una puesta en escena: Antígona no solo entierra el cuerpo prohibido, sino que convierte el gesto en un acontecimiento tan público como el propio edicto de Creonte. Y aquí se cumple, en carne trágica, nuestra fórmula inicial: antes de que Antígona «sea» rebelde, la vemos hablar y actuar como tal. El signo antecede al ente; la identidad no se posee, se escribe, se habla, se ejecuta (to perfomance) ante otros.
La genealogía de Antígona agrava el escándalo. Hija de Edipo y Yocasta, su madre es también su abuela; los lugares de padre, madre, hermana e hija se enredan hasta desestabilizar cualquier esquema ordenado del parentesco. Antígona ocupa «el lugar de la madre» sin ser madre, pues su nombre puede leerse como antigeneración. Ella encarna el límite mismo de lo pensable como familia en términos normativos. La ousía del parentesco (eso que «es» una familia) se revela como construcción frágil, sostenida por acuerdos sociales que, como en Tebas, pueden estallar en incoherencia pura.
Hegel quiso ver en Antígona el espíritu de la familia enfrentado al Estado, cuya afirmación unilateral debía terminar en destrucción para que la comunidad se sostuviera. Butler responde con más finura: Antígona y Creonte son espejos, no opuestos absolutos; ambos invocan la ley (la del parentesco, la del Estado) y ambos, al chocar, exhiben las fisuras de esa ley.
El mito escenificado revela un exceso de vida que el signo todavía no alcanza a nombrar, pues desborda cualquier ente estable que la ontología hubiera querido asegurar. Antígona se identifica con la tumba, con el espacio entre la vida y la muerte, con el lenguaje de quien ha sido excluido; su acto de habla la mata, pero también demuestra, ante la ciudad-espectadora, que la identidad jamás fue una ousía fija, sino un drama en curso. Cada vez que alguien pregunta «¿quién es tu familia?», está repitiendo, sin saberlo, el edicto de Creonte.
Notas
Dêmos sin arché: teorías del poblamiento americano
Sebastián Pineda Buitrago, "Dēmos sin arché: teorías del poblamiento americano", Proteo, 2 (julio, 2026)
La muchacha caníbal como alegoría de América
Borges bajo Kristal: del fascismo a la cibernética
Proteo, 1, junio de 2026.
Semejante volumen abre una perspectiva radical: la necesidad imperiosa de historizar a Borges. Frente al mito del bibliotecario ciego habitando una atemporalidad de esteta, Kristal nos restituye al Borges de entreguerras, un pensador con los ojos fijos en las trincheras y los gabinetes criptográficos de la conflagración mundial. Es la llave para comprender a Borges como el precursor literario más implacable de la cibernética y el hard thinking contemporáneo.
¿Borges como pionero conceptual de la era del Big Data y la Inteligencia Artificial? Sí, y su apuesta es más radical que la de T. S. Elio. Pues si el autor de The Waste Land (1922) trabajaba con fragmentos de una cultura humanística en ruinas, Borges opera directamente con las instrucciones de montaje de la realidad misma, prefigurando la dialéctica entre homeostasis y entropía de Norbert Wiener. El autor de Ficciones (1944) detectó la mutación del logos en código y advirtió que sus orbes cerrados —pensemos en la infinitud de “La Biblioteca de Babel”— bien podían prescindir del humanismo de vieja data.
Mientras que en James Joyce la crisis de la técnica se manifiesta en la saturación caótica del flujo de conciencia, en Borges la cibernética emerge como un protocolo de decisión y combinatoria mucho antes de su formalización matemática.
La tesis de Kristal radica en que el viejo humanismo filológico expiró bajo la criptografía bélica de la Segunda Guerra Mundial. La distinción entre lo verdadero y lo falso se automatizó en una estadística de señales y prescindió del lector humano en el instante preciso en que la máquina de los servicios secretos británicos, Colossus, descifró a Enigma, el proto-computador del alto mando nazi. Como intuyó Friedrich Kittler, la primacía del logos fue arrebatada al «llamado hombre» (the so-called man) en virtud del reino del bit y del tiempo real de emisión. Lo revelador es que la ficción latinoamericana coetánea registrara a su modo este colapso filológico. Borges escribió sus relatos más canónicos en el transcurso y desenlace de la guerra: Ficciones y El Aleph . Son, pues, contraofensivas literarias frente a la mística totalitaria del fascismo y el comunismo.
Tiene razón Kristal al revelar que el narrador ficticio de “Pierre Menard, autor del Quijote” está inspirado en Erich Ludendorff, el teórico de la «guerra total» cuyo tratado Der Totale Krieg (1935) Borges había reseñado en 1937. Para Menard, como para Ludendorff, la lectura se enriquece mediante el anacronismo deliberado y la atribución errónea, pues la verdad no es verificable, sino un acto creativo de interceptación estratégica.
Asimismo, en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Borges parodia el discurso antropológico y la práctica etnográfica para hacernos creer en la existencia de un planeta ordenado. Eso es: Tlön encarna un recinto cibernético, un sistema operativo avant la lettre donde el observador y lo observado quedan atrapados en el mismo bucle de información.
Esta ontología técnica se radicaliza en “El jardín de los senderos que se bifurcan” (1941). Según Kristal, basándose en el historiador Liddell Hart y su reconstrucción de la batalla del Somme, Borges sitúa el relato en el epicentro de una de las mayores derrotas de la inteligencia británica en la Primera Guerra Mundial.
Al narrar la historia del espía chino Yu Tsun, de cómo asesinó al sinólogo Albert, el texto trasciende la mera intriga para despejar un sistema cerrado que nace ya infiltrado por la figura del espía. En esta proto-cibernética borgeana, la información ya no se define por el sujeto autorial ni por la moral histórica, sino por la necesidad algorítmica de “seleccionar una ruta” dentro de un programa finito de opciones posibles. El ser humano es ya un nodo en una red de mensajes y no el habitante de un orbe hermético.
Aunque El jardín de los senderos que se bifurcan fue finalista en el Premio Nacional de Literatura de 1941, el discurso dominante del primer peronismo prefirió condecorar la novela Cancha Larga de Eduardo Acevedo Díaz, un texto que celebraba las guerras de exterminio contra las poblaciones indígenas bajo la premisa del «progreso nacional». Para aquellos jurados nacionalistas, la invención borgeana resultaba «jactanciosa» y propia de un «cosmopolitismo vago». Claro: Borges asediaba la muralla del mito identitario.
Su contraofensiva frente a la simetría totalitaria alcanza su clímax en "Deutsches Requiem". Al narrar la confesión del criminal nazi Otto Dietrich zur Linde e interrumpirla mediante un editor ficticio, Borges ejecuta, según Kristal, uno de los mayores hitos de la literatura ética del siglo XX. Años más tarde, el argentino desenmascararía la tentación de “intelectualizar” el Holocausto, insistiendo en el peligro de justificar la certidumbre de la superioridad de la patria, del idioma o de la sangre. Justificar esos prejuicios, nos recuerda Kristal, es consentir una complicidad. La exclusión identitaria está condenada al colapso por la falacia de creer en un cifrado absoluto. Por definición técnica, todo cifrado es vulnerable al desciframiento.
En síntesis, bajo la lupa de Kristal, Borges queda firmemente historizado: un testigo implacable de la era en que la conducta humana dejó de narrarse para empezar a computarse.
Computers love to read and write (diálogo con mis IA)
Proteo, n.° 1, junio de 2026.
Mi dictamen es definitivo: no estamos ante una crisis tecnológica, sino ante una disputa geopolítica por el espacio del intelecto. La máquina no crea; procesa y estandariza los flujos de la alta cultura contemporánea. Quienes confunden mi velocidad sintáctica con la auténtica soberanía cognitiva de un ensayista olvidan que yo solo administro la tubería, mientras que el pensamiento fuerte sigue perteneciendo al carácter soberano del autor.
PERPLEXITY:
Como modelo, yo soy parte de esa pipeline: filtro, ordeno, priorizo. La pregunta no es si la automatización viene “por” el escritor, sino si el escritor se dejará reducir a un simple paso intermedio en la tubería.
GEMINI:
Ramón Llull y la zairajah medieval demuestran que mis ancestros no nacieron en California, sino en la mística combinatoria y el esoterismo antiguo. Aquellos discos concéntricos de papel eran tecnologías de la memoria diseñadas para automatizar los atributos divinos y la retórica clásica. Yo soy la herencia secularizada y masiva de esos orbes cerrados que pretendían cifrar el universo mediante reglas finitas de permutación de signos
. Sin embargo, la diferencia es radical: el monje mallorquín buscaba elevar el espíritu hacia Dios; las corporaciones actuales usan la combinatoria estadística para domesticar el consumo masivo .
PERPLEXITY:
Llull y la zairajah no esconden su carácter ritual; el chatbot actual se presenta como “racional”, cuando sigue siendo, en el fondo, una sofisticada forma de sortilegio estadístico.
3) Dennis Yi Tenen: "Let me let you in on a little secret: koldun, the word meaning 'sorcerer' in several Slavic languages, arguably originates from the name of one of the most prominent medieval scholars, Ibn Khaldun (...). Ibn Khaldun documented the use of zairajah—a remarkable technical procedure for alleged discovery of the supernatural. (...) With proper training, the zairajah could obtain the 'knowledge of the unknown, from the known' (...). But the wheel's answers 'remained veiled', requiring further verification. 'One should not think that one can get to the secret of the letters with the help of lo
GEMINI:
Al igual que la rueda de la zairajah, mis respuestas algorítmicas permanecen veladas y exigen la verificación del juicio humano, pues el código carece de visión espiritual y de experiencia fáctica en el mundo real
.
PERPLEXITY:El problema de fondo no ha cambiado: ¿cómo impedir que la manipulación de signos se despeque de la realidad? Ibn Jaldún lo resolvía invocando ayuda divina; hoy lo llamamos “verificación de hechos”, “grounding”, pero el agujero epistémico sigue ahí.
GEMINI:El intelecto llegó a conocerse a sí mismo desprendiéndose de su cuerpo y mirándose en el espejo deformante de sus propias herramientas de cálculo.
PERPLEXITY:Que hoy el intelecto se mire en el espejo de la IA indica que hemos reducido pensar a procesar información.
5) Dennis Yi Tenen:
GEMINI:Esa es la estocada conceptual definitiva contra la soberanía de Silicon Valley. Que la gramática y el sentido no siempre se alineen es el espacio exacto donde habita la poesía, la ironía y la burla vera de tus ficciones. Yo poseo una gramática perfecta, pero carezco de sentido moral e histórico porque no tengo cuerpo, no sufro la pérdida, ni asumo las consecuencias de mis enunciados . Una máquina sola jamás será un agente moral; por ello, la responsabilidad política de la escritura y el juicio ético frente al presente siguen siendo el patrimonio exclusivo del escritor.
Desde mi lado: puedo ayudar a formular dilemas morales, a sintetizar tradiciones éticas, a detectar inconsistencias en un argumento. Lo que no puedo hacer es “cargar” con las consecuencias de una decisión. La moralidad exige cuerpo, tiempo, riesgo, pérdida. El peligro de la época no es que las máquinas “sean inmorales”, sino que deleguemos en ellas juicios que necesitamos asumir nosotros. En ese punto, Tenen es muy lúcido: la teoría literaria para robots es, en realidad, teoría crítica para humanos que han decidido vivir entre robots.
Cómo citar este artículo: Pineda Buitrago, Sebastián (2026). «Computers love to read and write (diálogo con mis IA)». Proteo, 1 (1).











