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Las sirenas y el origen de las las vocales


PROTEO 0 (PRIMERA ÉPOCA)



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Las sirenas se le aparecen a Odiseo en los versos 185 y 191 del Libro XII de la Odisea, mientras navega por el estrecho de Mesina entre Italia y Sicilia con destino a Ítaca. En el libro anterior ya ha sido aconsejado por Circe, la diosa hechicera, para no dejarse seducir por las sirenas. De modo que Odiseo ha ordenado a sus hombres que lo aten al mástil del barco y que le tapen los oídos con cera para no oír a las sirenas, para no dejarse seducir por su canto. ¿Qué extraño mensaje transmiten el canto de las sirenas? ¿Cuál es su significado? Homero es bastante parco al respecto. En seis versos condensa el mensaje de las sirenas, lo que ellas le dicen o cantan a Odiseo:

«Nadie ha pasado por aquí en su negro navío sin haber escuchado de nuestra boca la voz dulce como el panal, y haberse regocijado con ella y haber proseguido más sabio... Porque sabemos todas las cosas: cuántos afanes padecieron argivos y troyanos en la ancha Tróada por determinación de los dioses, y sabemos cuánto sucederá en la tierra fecunda» (Odisea, Xll, vv. 185-191; trad. de José Manuel Pabón, Gredos, 1982, pp. 290-291.). 

Una de las más fascinantes interpretaciones de este pasaje homérico puede leerse en un ensayo del filósofo alemán Friedrich Kittler, "Homero y la escritura" (incluido en el libro La verdad del mundo técnico. Ensayos para una genealogía del presente, FCE, México, 2018). La interpretación de Kittler es doblemente interesante tanto por su significación  filológica como por su dimensión histórica. Por una parte, las sirenas son las vocales. Por otra, las sirenas son una encarnación de las voces femeninas de mujeres viudas o de hijas huérfanas que dejó la Guerra de Troya a lo largo de las costas del Mediterráneo. 

Filológicamente, Kittler se apoya en la tesis del historiador de la escritura Barry B. Powell según la cual, el alfabeto vocal fue inventado hacia el 800 a. C., no para ayudar a las tareas mundanas de la contabilidad, el comercio o la burocracia gubernamental, sino para transcribir –para preservar– el poderoso ritmo de los hexámetros homéricos: la memoria de la Guerra de Troya. De hecho, para Powell,  Homero debió haber sido un poeta-arqueólogo capaz de descifrar un tipo de escritura cuneiforme, cuyos signos ya representaban palabras pero no sonidos. Lo que añadió el tal Homero al tipo de escritura semítica, que se componía únicamente de consonantes, fue el símbolo de las vocales: 

A, E, I, O, U. 

Nada menos que la posibilidad de convertir el sonido (cualquier sonido, cualquier idioma vocalizado por la voz humana) en signos gráficos:
A, E, I, O, U. 

Para Powell y para Kittler, el invento de las vocales –del alfabeto vocal– es tan importante como el manejo de fuego.  Históricamente, en la singular historia kittleriana, las sirenas  vendrían de la siguiente cronología: 

– Zeus se acuesta con Leda en 1245 a. C. 
– Helena nace en 1244 y es secuestrada por Paris en 1220 a. C.
– La Guerra de Troya termina en 1209 a. C. 
– Odiseo escucha a las sirenas en 1206.

Las sirenas no son mujeres como Calipso, Circe o Penélope; no poseen islas ni son hechiceras ni tampoco se encierran en sus casas para tejer. Odiseo las ve vivir y cantar sin ocultarse y a plena luz del día y en la calma del mar. Las oye narrar con timbre agudo lo que el cantar mismo significa: cautivar, hechizar de amor y de saber. 

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Si las vocales son nuestra «casa del ser», ¿por qué desde Homero hay una tendencia en convertirlas en monstruos? Una razón podría estar en el peligro que, para la rutina cotidiana del trabajo, implica la música. En los pueblos muy tristes y solemnes no hay música para el placer y la alegría, sino solo para llorar o para las marchas militares. Otra razón podría estar en que las sirenas se convierten en «monstruos» precisamente porque cantan con placer y alegría incluso la tristeza de verse viudas o huérfanas.

Kittler amplió su interpretación de las sirenas en  otro extenso tratado sobre el origen  de la música y de las matemáticas entre los antiguos griegos, Musik und Mathematik (2009)Kittler comienza por citar un texto de Borges sobre las sirenas, el Manual de zoología fantástica (1957), en el que el argentino condena la brutal entrada de un diccionario cualquiera que define a las sirenas como un «supuesto animal marino». Cuando, para Ovidio, son aves de plumaje rojizo y cara de virgen; para Apolonio de Rodas, de medio cuerpo arriba son mujeres y, abajo, aves marinas; para Tirso de Molina, mitad mujeres, mitad peces. Los poetas nunca se han puesto de acuerdo sobre las sirenas. Pues, según Kittler, las sirenas no arrojan imágenes y  sonidos inteligibles, «racionales», sino una música  que rebasa los sonidos acostumbrados y desencadena imágenes voluptuosas y obscenas.

En abril de 2004 Kittler dirigió una expedición sobre la arqueología del sonido en las islas Li Galli en el estrecho de Mesina. La premisa básica era preguntar por qué se entendía mal el canto de las sirenas. Lo que arrojó la expedición fue algo más elaborado. Si las sirenas encarnan las vocales, también encarnan la ambivalencia de codificar cómo hablamos en lugar de cómo escuchamos. Dicho de otro modo, las sirenas nos arrojan la imagen de que en realidad somos máquinas de voz. Para oír lo que le cantaban las sirenas, Odiseo tuvo que bajarse del barco. Fue mentira lo de taparse los oídos con cera y amarrarse al mástil (véase Geoffrey Winthrop-Young, "Kittler's Siren Recursions" (2015).

Las sirenas, en cuanto a encarnación de las vocales, según la bella hipótesis del helenista Kittler, son el eco de nuestra voz.
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Si el alfabeto vocálico tiene sus orígenes en el mar, y si alrededor del año 1000 a. C., los griegos formaban un pueblo esencialmente marítimo: una comunidad que vivía y se movía en barcos, es porque, según lo cuenta el primer texto en escritura alfabética que conocemos, la Ilíada, ellos eran una comunidad de navegantes que se unió para rescatar a Helena, raptada por París, pero que fracasó en el intento y se quedó vagando en el mar Mediterráneo. Así pues, los griegos carecieron de un centro político definido y de una casta sacerdotal dominante, lo que los diferenció de otras civilizaciones de la época, permitiéndoles la invención de la libertad y de la democracia.

Según la hipótesis de Klaus Theweleit en un reciente libro publicado en 2022, Die Erfindung des Vokalalphabets auf See, die Entstehung des Unbewussten und der Blues (La invención del alfabeto vocálico en el mar, el surgimiento del inconsciente y el blues), la comunicación en el mar presentaba desafíos únicos.


Los griegos se veían obligados a comunicarse a grandes distancias, gritando y vociferando contra y con el mar. En este entorno, descubrieron algo crucial: las vocales eran los únicos sonidos que podían escucharse claramente a larga distancia, a diferencia de las consonantes. 


En 1519, según Theweleit, si Hernán Cortés y sus soldados solo hubieran tenido consonantes para escribir, habrían tenido que escribir ‘TNTSTTLN’. Gracias a las vocales, pudieron registrar por escrito: Tenochtitlan, que era el nombre de su capital en la lengua de aquellos a quienes llamaban ‘aztecas’ en sus registros (y no simplemente ZTKN). 


El alfabeto vocálico griego es, por lo tanto, la primera técnica de registro que merece el nombre de alfabeto, precisamente porque comienza con alfa = a y continúa con beta = b; y precisamente por eso se llama alfabeto, porque da a sus signos un orden fijo en el que los demás vocales están integrados. Solo el alfabeto vocálico hace que el flujo del habla sea escribible’, afirman Friedrich Kittler y Wolfgang Ernst en su gran ensayo sobre el origen histórico del alfabeto vocálico, Die Geburt des Vokalalphabets aus dem Geist der Poesie, que reúne los mejores textos que tenemos sobre este complejo.


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La multifuncionalidad es la característica más sobresaliente del alfabeto vocálico griego. Pues sus signos, que permiten registrar lo fonético, también se aplican a los campos de la matemática/geometría y de la música. Por ejemplo, la matemática algebraica y la geometría euclidiana, desarrolladas entre los siglos VIII y III a.C., utilizan signos griegos (y más tarde latinos) combinados con números arábigos para designar sus unidades de medida. Pues los nuevos avances de la matemática geométrica se nombran con signos (más tarde llamados: letras) del nuevo alfabeto vocálico.


Nuestra actual escala de tonos de octava occidental, dividida en siete pasos completos y cinco semitonos, se anota, hasta nuestro moderno piano, con signos del alfabeto vocálico: c-d-e-f-g-a-h-c. Los intervalos en ella se designan según las distancias entre los tonos involucrados: tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima, novena. Sus distancias tonales, ‘más alto’ o ‘más bajo’, se basan en la medición exacta de la longitud de la cuerda vibrante de un instrumento dado. 


Ambos procesos, el algebraico y el de medición musical, se unen en la figura de Pitágoras en el siglo IV a.C. Él, o su ‘escuela’, designa con las letras del alfabeto vocálico tanto los lados de los triángulos geométricos como las alturas tonales en su escala de tonos, que se basa en la medición de las longitudes de las cuerdas tensadas. Pitágoras descubre que hay exactamente un salto de octava hacia arriba cuando se reduce a la mitad la longitud de la cuerda en el instrumento; y un salto de octava hacia abajo cuando se duplica su longitud.



El alfabeto latino, descendiente del alfabeto vocálico griego, ha tenido un impacto profundo en la tecnología moderna. Podemos ver esto claramente en los teclados de computadoras, donde los números arábigos 1234567890 están en la primera fila, encima de las letras QWERTYUIOP. Este diseño, originado en las máquinas de escribir, se trasladó directamente a las computadoras y jugó un papel crucial en el desarrollo de la arquitectura de von Neumann, que es la base de las computadoras modernas. Por ejemplo, los primeros códigos de programación como FORTRAN y COBOL utilizaban caracteres alfanuméricos latinos.


En contraste, no existe un teclado estándar mundial para idiomas con sistemas de escritura más complejos, como el chino con sus miles de caracteres.


El salto a la tecnología informática actual se basa en la lectura y cálculo secuencial de bits (0s y 1s), que es una extensión lógica del orden alfanumérico latino. Por ejemplo, el código ASCII, que asigna valores numéricos a letras y símbolos, fue fundamental para el desarrollo de la computación. Esta codificación alfanumérica se ha vuelto central para el funcionamiento de los medios digitales en general, desde los mensajes de texto hasta los códigos QR, demostrando cómo el alfabeto grecolatino ha moldeado profundamente nuestra cultura mediática moderna.

 

Conclusión 


Con todo esto, no decimos nada nuevo. Solo queremos delinear con cierta precisión la importancia mediática del alfabeto vocálico para la historia del desarrollo de nuestra percepción del mundo.


¿No deja de ser asombrosa esta capacidad histórico-tecnológica de poder ordenar 24 (más tarde ampliados a 26 por los romanos o latinos) segmentos discretos (‘letras’, ‘caracteres’) de tal manera que, al mezclarlos y secuenciarlos de nuevo, se den en ellos todas las relaciones existentes y no existentes en el mundo – en el ‘universo’ o en algún lugar? Así pues, en la medida en que los respectivos secuenciadores (léase “autores”) sean capaces, según su formación y talento, de combinarlos con suficiente variedad, puede significar ‘poesía’, o significar ‘religión’; o ‘ciencia’. El mundo es tanto exactamente representable como completamente inventable en esta tecnología; construible a partir del número absolutamente pequeño de 24 o 26 segmentos. 

 

Coda: la teoría de la mente bicameral

 

Por último, la teoría de Julian Jaynes expuesta El origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral (1976). En él,  Jaynes propone una teoría radical sobre el desarrollo de la conciencia humana. Sugiere que hasta hace aproximadamente 3,000 años, los humanos operaban con una “mente bicameral”, en la cual las funciones cognitivas estaban divididas entre dos hemisferios cerebrales que funcionaban de manera independiente. El hemisferio derecho generaba alucinaciones auditivas que el hemisferio izquierdo interpretaba como voces de dioses o figuras autoritarias, guiando así las acciones humanas sin una conciencia introspectiva o un sentido del “yo” independiente (véase Ortega Villasenor y  Quiñones Trujillo, “Transformaciones  del concepto de moralidad: de los orígenes religiosos a la globalización tecnológica”. Alpha [online]. 2006). 

Un aspecto crucial de la teoría de Jaynes es el papel del lenguaje y la escritura en la transición hacia la conciencia. Jaynes destaca la importancia del alfabeto fonético, que facilitó una nueva forma de organización mental y social, permitiendo una mayor introspección y el surgimiento de la conciencia individual. La escritura, especialmente en formas más accesibles como el alfabeto fonético, ayudó a consolidar esta transición al permitir el registro y análisis de pensamientos de manera más estructurada.


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Cómo citar este artículo: Pineda Buitrago, Sebastián. "Las sirenas y el origen de las clases". Motivos de Proteo: revista de pensamiento (Primera Época, Proteo 0), marzo de 2024.