Sebastián Pineda Buitrago, "La muchacha caníbal como alegoría de América", Proteo, 2 (julio, 2026)
Si los antiguos eruditos de Grecia y Roma supieron de pueblos que comían carne humana (los llamaron genéricamente “antropófagos” o “andrófagos”), prescindieron de un nombre propio que ligara esa práctica a un grupo específico. Colón adopta un vocablo híbrido que había escuchado de los intérpretes taínos: caníbales. De ahí el bautizo del mar Atlántico que baña las Antillas, el Caribe, el mar de los antropófagos.
El 4 de noviembre de 1493, según cuenta el marinero italiano Michel Cúneo, una comitiva encabezada por Colón halló en el arco de las Islas Vírgenes (probablemente la isla de St. Croix, hoy parte de Estados Unidos) un grupo de mujeres caníbales; ellas llevaban consigo a un grupo de adolescentes a quienes previamente les habían cercenado el miembro viril para cebarlos y comérselos. En la noche, sin embargo, Cúneo aceptó acostarse con una de esas mujeres caníbales. Viéndola desnuda, “quise disfrutar de ella, pero ella no deseaba consentir y me arañó con sus uñas de tal manera que no sabría decir cuánto; tomé una correa y la azoté tan fuertemente que dejó escapar gritos increíbles; finalmente llegamos a tal acuerdo, que ella me parecía entonces hecha como las otras mujeres”. [1]. La antropología visual americana tiene su acta de nacimiento en la reactivación gráfica de aquella muchacha caníbal.
En 1570, para la portada de su Theatrum Orbis Terrarum, Abraham Ortelius personificó el continente americano con la figura de una muchacha caníbal. La alegoría contó con el beneplácito de Benito Arias Montano, geógrafo real de Felipe II que supervisaba en Amberes la edición de la monumental Biblia Políglota. Los cuatro continentes son cuatro mujeres en torno a la arquitectura de un frontispicio: Europa, sentada con corona y cetro y rodeada de mapamundis, ocupa la parte superior; Asia, en el lado izquierdo, está ricamente ataviada sosteniendo un incienso; África, en el lado derecho, aparece semidesnuda, con una corona de fuego como signo del calor extremo. Pero América, en la parte inferior del frontispicio, aparece completamente desnuda, recostada, y lo más curioso: sostiene la cabeza cercenada de un hombre blanco y barbado. [2].
La alegoría de Ortelius parece haber inspirado a Montaigne para el capítulo 31 de sus Ensayos (1580), “Des Cannibales”, donde la figura del salvaje americano sirve para invertir el juicio: el verdadero canibalismo se ejerce en Europa con las guerras de religión. A pesar de Montaigne, el concepto de “canibalismo” es demasiado problemático y acaso siga siendo un tropo para imaginar al Nuevo Mundo como espacio de ingestión, apropiación, servidumbre y consumo sin límites. [3].
El tópico de América como mujer caníbal se exageró al servicio de la maquinaria propagandística del protestantismo septentrional. En lugar de la mujer joven y desnuda del frontispicio de Ortelius, en los más de cuatrocientos grabados que Theodor de Bry y sus herederos calvinistas estandarizaron en los Grandes Viajes (1590-1634) aparece la figura de una mujer vieja y de senos caídos; es la “sauvage aux seins pendats”, como la ha llamado la antropóloga suiza Bernadette Bucher. [4].
El viejo tropo colonial del Nuevo Mundo como espacio de consumo sin límites se ha estabilizado en las pantallas de seis pulgadas. El verdadero festín antropofágico es semiótico: un infinito scroll digital donde el bípedo contemporáneo desgasta sus ojos, devorando y dejándose devorar el rostro en las cloacas de la simulación medial. La muchacha caníbal de Ortelius ya no sostiene una cabeza de carne y hueso; sostiene un dispositivo móvil donde la humanidad ensaya, día con día, su propia y definitiva servidumbre voluntaria.
Notas
1) Cf. M. Cúneo, “Savona 15-28 de octubre de 1495”, Cronistas de Indias. Antología, Bogotá, El áncora de editores, 1982, pp. 26. Esta carta de Cúneo permaneció sepultada durante siglos en el códice 4075 de la Biblioteca Universitaria de Bolonia hasta que Orlando Guerrini la editó por primera vez dentro de la Raccolta di documenti e studi, publicada por la Comisión Colombina para el cuarto centenario del “descubrimiento” de América (Roma, 1892–1893).
2) Véase el grabado calcográfico arquitectónico con figuras alegóricas de los continentes de la edición original (Antuerpiae, 1570) en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2019.
3) Cf. A. Jáuregui, Canibalia. Canibalismo, calibanismo, antropofagia y consumo cultural en América Latina, Madrid / Frankfurt, Iberoamericana / Vervuert, 2008.
4) Cf. B. Bucher, Icon and Conquest: A Structural Analysis of the Illustrations of de Bry's Great Voyages, trad. de B. Miller Gulati, University of Chicago Press, 1981, pp. 97-120.
2021.





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