Sebastián Pineda Buitrago, "Editorial", Proteo 2 (julio, 2026)
Vorlesung sobre Teorías de la Identidad
En la tradición académica alemana, la Vorlesung (literalmente, "antes de la lectura") designaba no una improvisación oral, sino un texto cuidadosamente redactado que el profesor leía o desarrollaba ante sus alumnos. De febrero a junio de 2026, en una aula de la Facultad de Humanidades de la Universidad Veracruzana, dictamos el curso Teorías de la identidad para la carrera de Antropología Lingüística. Aquellas notas de clase, lejos de momificarse en la pedagogía ministerial, exigían ser transformadas en proyectiles. Así pues, con este dossier, las notas de curso se vuelven ensayo. Recuperar hoy la Vorlesung es reivindicar la preparación de una clase y revivir discusiones. En mayo, por ejemplo, tuvimos una diálogo en Radio UV.
El artefacto pórtico de esta edición, "Mito, signo y ente: una teoría de la identidad", clava sus tesis en la puerta del presente: la identidad no es una ousía pura, sino una puesta en escena gobernada por un engranaje implacable. El Mito es el murmullo acusmático originario —el "mu" filológico del labio cerrado antes del lenguaje—, el Signo es su fijación técnica y alfanumérica, y el Ente es la carne expuesta al escenario del mundo. A partir de esa tríada, el sumario se despliega en una diagonal implacable. En "Una familia siempre es disfuncional: la identidad de Antígona", rastreamos cómo el signo antecede al ser en el drama trágico, exponiendo los límites normativos del parentesco allí donde cada pregunta por la familia repite, sin saberlo, el edicto punitivo de Creonte.
El núcleo político más radical estalla en "Teorías del poblamiento americano: dêmos sin arché". Plantear el arribo del Homo sapiens a este continente no como una monografía escolar de flechas sobre el Estrecho de Bering, sino como la odisea existencial de un bípedo que entra a una página geológica en blanco sin pasado fósil local, nos arroja una categoría clave: somos el pueblo sin archivo original, arrojado hoy a un nomadismo globalizado.
Canibalismo y consumismo
Nuestro número cierra su tenaza biopolítica desmontando las alegorías de la sumisión. En "La muchacha caníbal como alegoría de América", el viejo tropo colonial de la antropofagia e ingestión es arrastrado hasta el presente: la mujer salvaje de Ortelius ya no sostiene una cabeza cercenada de hombre blanco, sino un dispositivo móvil donde la humanidad consume su propia servidumbre voluntaria.
Finalmente, el número se repliega sobre la herida del políglota en "Una identidad para George Steiner: la identidad siempre está en el exilio" y el portazo definitivo de "Auschwitz" y "Éxodo y pertenencia", recordando que toda hospitalidad estatal es provisional y que uno debe tener siempre el equipaje hecho si no quiere entrar, como borrego, al matadero del scroll impersonal.
Coda: adiós al Mundial y welcome to Trump's pupils
Nuestra carencia de arché nos permite descifrar el hambre de autoridad desatado en el panorama global. Los engendros políticos de Donald Trump (los Bukele, los Milei, los Abelardo) operan falsificando el estrato del Mito para cuadricular al Ente. Creen que administran la historia, pero ignoran los soportes técnicos a los que están encadenados; no saben a lo que se enfrentan. El cortocircuito es planetario: mientras en Colombia el bípedo se desgasta discutiendo a ciegas la vieja trampa geográfica entre federalismo o centralismo, la verdadera soberanía se ha mudado ya a los servidores de Silicon Valley.
Después del mundial de fútbol,, el veredicto neurobiológico es atroz: no vimos un torneo, lo padecimos muscularmente. Mientras el enjambre de nuestras neuronas espejo ejecutaba un hackeo silencioso, encendiendo chispazos miméticos en la corteza premotora y haciéndonos sufrir la trayectoria del balón, el ente de carne y hueso permanecía en realidad postrado, acumulando grasa y alienación frente a una pantalla de seis pulgadas. Pasado el espasmo neuromuscular del "ojo enloquecido", cuando el ruido mediático de los dioses del tablón se disuelve en las cloacas del infinite scroll, lo que nos queda es la intemperie de la polis y el archivo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario