Proteo N.º 5 · Octubre de 2026 · Crónicas académicas (pp. 4–7)
Siqueiros en Manhattan: técnica industrial y geopolítica de la abstracción
Keynote Lecture en Viena (1 de octubre de 2026)
Por Sebastián Pineda Buitrago
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| Fotografía de Viola Rühse |
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Llevé a Siqueiros al corazón de Centroeuropa, a la sede de la Academia Austriaca de Ciencias (Österreich Akademie Wissenschaften) en Georg-Coch-Platz. Fui convocado por la Dra. Ana-Maria Milčić, organizadora del simposio internacional Sitting on the Fence: Avant-garde Art out of the Borderlands, para dictar la conferencia magistral. La cita exigía dinamitar lo que entendemos por “borderlands”, pues la frontera entre México y Estados Unidos encarna la falla geológica más densa, militarizada y martirizada del planeta: el barroco mestizo-católico contra el puritanismo-luterano-calvinista. Al ocupar el estrado para dictar mi conferencia al cierre de la primera jornada, mi premisa fue tajante: David Alfaro Siqueiros jamás se sentó en la barda. La dinamitó. Mi intervención recorrió el trayecto entre América tropical y El nacimiento del fascismo: Los Ángeles, Manhattan, técnica industrial y geopolítica de la abstracción. Y entonces apareció una frontera que el mapa no resuelve.
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David Alfaro Siqueiros gozaba de un ojo excelente para desenmascarar el fascismo internacional. Al hurgar en el archivo de la Sala de Arte Público Siqueiros (agradezco la generosidad documental de Mónica Montes) acerca de su Taller Experimental en Nueva York (Siqueiros’s Manhattan Workshop) queda claro que uno de sus alumnos fue el joven Jackson Pollock, quien aprendió a manipular la piroxilina Duco de DuPont (una laca automotriz derivada del nitrato de celulosa) mediante charcos y vertidos en una suerte de «accidente controlado», con lo cual el llamado expresionismo abstracto no nació en el aislamiento bucólico de Long Island ni como repliegue interior del alma burguesa, de la indepedencia o libertad angloamericana, sino como enseñanaza antifascista de un pintor mexicano y comunista. Para el verano y otoño de 1936, del taller de Siqueiros salieron también carros alegóricos, mantas y dispositivos de propaganda antifascista contra Hearst (¿el Trump de los años treinta?).
David Alfaro Siqueiros, No más (¡Paren la guerra!), 1936. Litografía / piroxilina. (Página 57 de Olivier Debroise [ed.], Retrato de una década: David Alfaro Siqueiros, 1930-1940, México, MUNAL / INBA, 1996).
Siqueiros participó en exposiciones del MoMa y del Instituto of Social Research, donde más tarde se exiliaría la Escuela de Frankfurt. Si de Siqueiros brotó en buena parte la semilla del expresionismo abstracto, su posterior diatriba contra el informalismo y la despolitización («¿Lo abstracto? ¡Basura!») es lucidez histórica: denuncia la trampa que separa la técnica industrial de la lucha de clases. Si Siqueiros gozaba de un ojo excelente para desenmascarar el fascismo internacional de su tiempo, entonces el cuadro que permite concentrar esa discusión es ¡No más, paren la guerra!, producido en el contexto del taller experimental neoyorquino de 1936. Su título parece una prohibición elemental; su problema plástico, en cambio, se antoja mucho más interesante. Pues Siqueiros estudió el filme El triunfo de la voluntad de 1935, un película de la directora de cine nazi, Leni Riefenstahl, quien convirtió el congreso de Núremberg de 1934 en una maquinaria de consagración. El avión que trae a Hitler, las filas, los estandartes, los rostros entregados al entusiasmo: todo conspira para borrar la contingencia. La cámara organiza la fantasía de un pueblo sin fisuras, enteramente disponible para reconocerse en el Führer. Allí donde el filme concentra la voluntad en el caudillo, Siqueiros hace converger a los hombres contra la catástrofe. La multitud ya no tendría que certificar la eternidad del mando, sino interrumpir el curso de la guerra. La comparación permite preguntar quién conduce, hacia dónde y con qué derecho.
Después de la Decena Trágica (9 y 19 de febrero de 1913) los caminos se bifurcaron: o el exilio o la milicia. Siqueiros eligió la segunda y se alistó en las filas de la Revolución mexicana. Cuando, en 1920, amansaron las aguas, volvió a la pintura, sin nunca abandonar cierta actitud airada y de combate: listo siempre para la movilización y la huelga. En 1937 abandonó su taller de Nueva York para asumir mando militar en las Brigadas Mixtas de la Guerra Civil española. Y en 1940, ya de regreso a la Ciudad de México, abandonó el mural El retrato de la burguesía, y organizó un tremendo asalto armado a la casa de Trotsky. Como Durero, como Miguel Ángel, también Siqueiros operaba bajo las leyes de la artillería: logística, jerarquía y ocupación de choque del espacio público.
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Un dormitorio ametrallado en Coyoacán y un prisionero de guerra trotskista ejecutado a sangre fría (lo confiesa él mismo en Memorias de un coronelazo) impide convertir a David Alfaro Siqueiros en una estampa tranquilizadora del antifascismo. Además, si Siqueiros solo hubiese sido anti-fascista sería alguien hueco, vacío. No. Él combatió el fascismo desde una militancia comunista, estalinista, sin discrepar de la violencia ni del fanatismo. Su amor al uniforme, su concepción combativa del trabajo y su gusto por la disciplina no deben convertirse automáticamente en virtudes estéticas. La ejecución del prisionero y el asalto a Coyoacán deshacen cualquier indulgencia. Ahí reside la fractura que quise llevar al debate vienés: que la conciencia técnica del fascismo no fue simplemente una impostura. No estamos ante una contradicción ornamental para enriquecer una biografía. Estamos ante vidas expuestas a las consecuencias de una lealtad.
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El diálogo académico es una ficción piadosa si no se comprende como un tiroteo en campo raso. En los salones de la Academia Austriaca de Ciencias, Günter Berghaus desenterró el cadáver inconfesable sobre el que se edificó la modernidad europea. A esa revelación se sumó la embestida de Katia Denysova. Al proyectar la errancia y la velocidad de Tamara de Lempicka al volante de su bólido verde, Denysova no celebró el glamour de una cosmopolita en fuga; expuso la histeria mecánica de una casta que intentaba correr más rápido que los tanques que venían devorando sus fronteras. El tránsito terminal de Lempicka hacia México no fue una excursión exótica, sino la confirmación definitiva del destierro: la velocidad futurista es la única prótesis que le queda a la aristocracia cuando la pólvora de la historia le vuela los palacios en pedazos. La conclusión cae con el filo de una guillotina: la vanguardia anunció las coordenadas de la carnicería totalitaria del siglo XX.
Cómo citar este artículo:
Pineda Buitrago, Sebastián. «Siqueiros en Manhattan: técnica industrial y geopolítica de la abstracción». Proteo, n.º 5 («Desde Mitteleuropa»), octubre de 2026, pp. 4–7
Este ensayo reproduce parte de la conferencia magistral (Keynote Lecture) dictada en el simposio internacional Sitting on the Fence: Avant-garde Art out of the Borderlands (Academia Austriaca de Ciencias, Viena, 1 de octubre de 2026)[cite: 25]. Integra el bloque de Crónicas académicas del número completo de la revista[cite: 24, 25].
📥 Edición íntegra en acceso abierto:
El número completo de la revista (38 páginas, formato fascículo digital con ensayos, collages y documentos de archivo) puede consultarse y descargarse en:[cite: 23, 24]
👉 Descargar Proteo N.º 5 (Octubre 2026): «Desde Mitteleuropa» [PDF]
Descriptores / Metadatos: David Alfaro Siqueiros · Jackson Pollock · Siqueiros Manhattan Workshop · Expresionismo abstracto · Piroxilina Duco · Geopolítica de la vanguardia · Academia Austriaca de Ciencias · Viena 2026 · Proteo.


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